En ese contexto, que el reciclaje inclusivo en Chile haya facturado más de 2 millones de dólares en 2024 (y que se haya estimado duplicar la facturación para el 2025) adquiere un significado que va mucho más allá de la cifra. Este hito demuestra que es posible avanzar hacia una economía circular incorporando de manera real y productiva a las y los recicladores de base, reconociéndolos como actores clave y no como beneficiarios secundarios del sistema.
El avance es resultado del trabajo articulado entre cooperativas de recicladores, organizaciones del sector y los Sistemas de Gestión creados bajo la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP). Por primera vez, recicladores y recicladoras están siendo reconocidos como prestadores formales de servicios esenciales, como la recolección selectiva, la operación de puntos verdes y la clasificación de materiales.
El impacto es concreto: mejores ingresos, mayor estabilidad laboral y fortalecimiento de organizaciones colectivas que permiten negociar, planificar y tener presencia territorial para consolidarse como un sector productivo con valor económico, social y ambiental.
El desafío ahora es escalar esta experiencia. Las tasas de reciclaje en Chile siguen siendo bajas y las brechas territoriales persisten. Que el Día Internacional de las y los Recicladores de Base no sea solo una conmemoración simbólica, sino un punto de apoyo para consolidar un modelo que combine cuidado ambiental, trabajo digno y desarrollo inclusivo.

Fotografía cedida por Anselmo Córdova que muestra la reunión ‘Latitud R – Reciclaje Inclusivo para la Economía Circular’ en la que participan Directores del Banco Interamericano del Desarrollo de distintos países, representantes del sector público y recicladores de base, en Santiago (Chile).

Fotografía cedida por Anselmo Córdova que muestra el encuentro ‘Red Latinoamericana de Recicladores de Base’ en Santiago (Chile).

